Parada obligada en Gijón: Bömarzo

Ficha 2

Hace poco más de dos meses que Vicente Crespo cogió las riendas de Bömarzo en Gijón, dejando de lado su anterior proyecto, la famosa taberna 985, pero cogiendo lo bueno de su anterior local o e incluso mejorándolo. El restaurante está ubicado en una zona un tanto peculiar del famoso barrio de La Guía de Gijón (donde nació hace casi tres décadas este humilde bloguero), justo al lado del único supermercado que hay por la zona, con amplio aparcamiento. A pesar de la extraña situación, por dentro está decorado con un gusto exquisito, y consigue obviar todo lo comentado previamente.

Son pocas mesas y la sala está regentada por la metre y dos camareros más. Sólo puedo decir que inmejorable su comportamiento, no hay peros que poner. Es muy de agradecer que entre plato y plato no haya esperas más largas de la cuenta, estén pendientes de ti pero sin llegar agobiar y traten de hacer todo lo posible para que la velada sea perfecta.

Para la cena éramos dos y con tintes románticos, por lo que pedimos una botella de Rueda para darle ese toque mágico (ya sabéis). Un viña Adaja del 2012, que de calidad precio estaba muy bien (12€) y nos había sugerido uno de los camareros, debido a que no somos precisamente expertos en vino. Antes de comenzar con la descripción de los platos, en Bömarzo sólo se sirven cenas viernes y sábados.

De aperitivo, nos pusieron una crema de queso, ligera pero muy sabrosa.

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No teníamos demasiada hambre, pero queríamos probar varias cosas de la sugerente carta, por lo que comenzamos con una ración de tartar de salmón. Estaba fresquisimo y con un sabor fantástico, era todo salmón, sin trozos de aguacate o tomate, muy recomendable. Aquí os dejo la prueba gráfica de lo que me refiero.

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Lo siguiente fue media ración de salpicón de marisco. Lo primero a valorar fue su tamaño, sorprendentemente grande. De hecho, para dejar constancia de nuestro paletismo, nos cercioramos con el camarero si se habían equivocado sirviéndonos la ración entera. El segundo punto destacable es su sabor. ¡Madre mía que sabor!. Estábamos dándole bocados al mar, no como otros salpicones que ofrecen por ahí con todo huevo cocido. El de Bömarzo simplemente maravilloso.

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Como plato principal, pedimos un plato que estaba fuera de carta que nos había recomendado el simpático camarero, merluza amariscada con salsa de oricios (erizos de mar). A parte de la merluza fresca y en su punto, la salsa de oricios era una oda al arte de mojar pan, qué espectáculo de salsa. Nos trajeron media ración a cada uno, con lo que facilitaron aún más las cosas a la hora de comer, sin tener que andar cortando nosotros la ración.

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Por último y como somos muy golosos, pedimos un coulant de chocolate con crema de vainilla. Fue la nota negativa de la cena ya que aunque el coulant tenía buen sabor, no tenía el chocolate líquido por el centro. Era una magdalena de chocolate, a secas. Muy por debajo del resto de platos.

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Salvo por el pequeño punto negativo del coulant, no se lleva la matrícula de honor por poco pero se queda en sobresaliente. Sobre todo tras ver la cuenta y pagar 51 euros entre los dos. Todo un lujo comer así de bien, por ese precio y con ese servicio tan agradable.  Obligatorio para todos aquellos que esteis en Gijón.

PD; Aunque tras la crítica parece que lleve comisión, no me llevo ni gomilonas.

Muñoz de Gruñón.

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